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El tesoro II



Aquél sábado, fue inolvidable, el pirata recibió las llaves de la ciudad y juró solemnemente protegerla en todo lo que pueda y puso como testigos al mar, al cielo y a todos sus amigos. Fue un día de fiesta, desde los niños hasta los más ancianos, celebraron y comieron como reyes, con el pirata “Manotas” y el gobernador Juan Diego Flórez. Al día siguiente, el cielo estuvo despejado, con un azul intenso, más lindo que nunca. El “Mago rojo” preparó una sorpresa, por encargo del gobernador: ¿qué sorpresa?... Pues, organizó un concurso de cometas de papel, todas con motivos marinos y piratas, en honor al amigo “Manotas”. El cielo se llenó de colores y formas muy bellas. El pirata estaba asombrado, como si fuera un niño, no paraba de correr tras las cometas mientras reía y saltaba. De pronto, se detuvo y les dijo a todos: Es mucho lo que recibo, no sé: ¿cómo pagaré todo el bien que me hacen? Entonces, habló el “Mago Rojo” - : no te preocupes Manotas, solo disfruta este momento. Mira, todos están alegres, especialmente los niños que juegan con sus cometas, ellos se han esforzado mucho en construir cada detalle. Gracias a ustedes amigos, el haber visto a los niños y a sus padres jugando es el mejor regalo que me han podido dar. Cuando estuvo muy avanzada la tarde, los niños se fueron a sus casas, a descansar. En la fiesta, sólo quedaron las personas adultas que no tenían hijos pequeños. Pasadas las horas, los invitados, uno a uno fueron cayendo vencidos por el sueño. Entonces, “Juan el violinista”, dio la orden de finalizar las canciones, era hora de dormir. El gobernador se despidió de “Manotas” y se retiró en su carruaje ayudado por sus mayordomos. El pirata hizo lo mismo, se fue al barco a descansar con sus marineros. Todo pasó con normalidad; el mar con sus suaves olas arrulló el barco de los piratas. Y la brisa marina, acarició las calles y casas del pueblo.

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El tesoro III

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